Dicen de la ANLE

He dicho en más de una oportunidad que la ANLE es una de las academias más importantes de la ASALE, no solo por la productividad y buen trato con la lengua, sino por la inmensa responsabilidad que tiene y tendrá cada vez más, en consonancia con el pasmoso crecimiento del español en los Estados Unidos. Nuestra lengua está llamada a mejores tiempos y, también, los está llamando.

Francisco Javier Pérez, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE)

La ANLE está en el corazón de todos los que conocemos su prolífica labor en favor de nuestra lengua común, la española. Es el símbolo mismo de la diáspora y de la búsqueda de territorios amenos. Es una patria de palabras comunes a lo largo de siglos. Con ustedes, amigos de la ANLE, está el espíritu de Ruy Días, de Cervantes, de Quevedo, Darío, Borges, Vallejo. Y el de Antonio de Nebrija y Andrés Bello. Les deseo larga y exitosa vida institucional.

Marco Martos Carrera, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua

Desde la instalación de la ANLE, el rumbo de la lengua española en América ha tenido un nuevo y auspicioso derrotero en términos de valoración, creación y estudios, lo que ha concitado la gestación de una nueva visión y de renovados enfoques de alta consideración del español hablado en la tierra de Walt Whitman, Emily Dickinson y de Thomas Merton.

Bruno Rosario Candelier, Director de la Academia Dominicana de la Lengua

Felicitaciones a la ANLE. Motor del español en EE.UU. y buen ejemplo de la panhispanidad académica. Gran honor ser miembro correspondiente desde hace casi 30 años.

José Rodríguez, Director Honorario de la Academia Filipina de la Lengua Española

Desde su Fundación, la Academia Norteamericana de la Lengua Española ha realizado un trabajo serio y constante no solo en torno a la lengua española, sino también al español de los Estados Unidos, una realidad creciente que estudia y que investiga con idoneidad. Esto revela la existencia de una Corporación bien organizada, gracias a la labor de académicos ilustres. Sus publicaciones y los importantes Congresos que organiza así lo corroboran.

Alicia María Zorrilla, Vicepresidenta de la Academia Argentina de Letras

Sin duda la Academia Norteamericana de la Lengua, que es la que representa el momento más sugerente en la dinámica vida actual del español al moverse en un país que no lo tiene como idioma oficial, rodeada de todas las lenguas del planeta, en una suerte de Babel moderna, el que sus miembros comparten su defensa, junto a los inmigrantes que las hablan, incluso provocando disgustos entre algunos intolerantes, constituye un ejemplo para todos nosotros. Y una obligación para imitar a sus académicos que desde universidades y centros de estudios han convertido la investigación y estudio del español en una tarea trascendente y fundamental. Son, emocionalmente, nuestros líderes porque están en la primera línea de fuego, en la última frontera, en donde en algunas veces no se oye nuestra solidaridad y apoyo a sus tareas.

Juan Ramón Martínez, Director de la Academia Hondureña de la Lengua

El contexto particular en que la ANLE está inserta difiere del resto de las Academias, y la hace impar. La condiciona y, a la vez, le estimula la creatividad y la responsabilidad en la búsqueda de nuevas vías para consolidar, en su medio, nuestra lengua. En su tarea insomne, la hermana del Norte avanza con firmeza y probados logros en sus propósitos. Suerte y Minerva, le deseamos con la frase ceñida de Gracián.

Pedro Luis Barcia, Exdirector de la Academia Argentina de Letras y Exdirector de la Academia Nacional de Educación

La ANLE es una de las academias más dinámicas y con mayor potencialidad de proyección en el mundo de habla hispana. En los años recientes ha intensificado, con estratégica perseverancia y creatividad, una labor propia y a la vez compartida, promoviendo el crecimiento y la renovación de la lengua como ejes que aseguren su permanencia e integridad.

Wilfredo Penco, Presidente de la Academia Nacional de Letras del Uruguay

Desde que en 1999 conocí a Joaquín Segura, en Madrid, como representante de la Academia Norteamericana de la Lengua y director de Glosas, revista que me enviaba sistemáticamente, me entusiasmó la historia de la ANLE, el entusiasmo de sus miembros por la preservación y difusión del español en ese subcontinente que había recibido a tantos migrantes de España y América, orgullosos de su cultura y de su lengua, en algunos casos; en otros, personas que solo buscaban, para sí y los suyos, cumplir el sueño de contar con un trabajo que les permitiera vivir en dignidad. Mucho ha cambiado desde entonces en los Estados Unidos, pero ventura y desventura abonan a que esa Academia continúe en su empeño de aunar la vocación a la palabra entre miembros de tantos países que trabajan con nuestra lengua y en ella. La ANLE es la academia de la unidad y la diversidad: la avanzada geopolítica y cultural del español, de entre las 23 corporaciones existentes en el mundo.

Susana Cordero de Espinosa, Directora de la Academia Ecuatoriana de la Lengua